El alerce es una de las pocas coníferas que arroja sus agujas en invierno. Las agujas jóvenes, de color verde claro, se pueden comer en primavera; tienen un sabor agrio y son algo que recuerdan al limón. En el otoño, las agujas se vuelven amarillas antes de caerse.
El alerce prefiere crecer en espacios abiertos, es decir, donde avalanchas o deslizamientos de tierra han creado espacio y pueden vivir hasta 800 años. Es muy resistente y puede soportar altas diferencias de temperatura. Se prefiere la madera de alerce para hacer arcos debido a su flexibilidad.
En la antigüedad, el alerce se consideraba un árbol sagrado, cuyo poder protector actúa contra el mal. El bálsamo de alerce tiene un efecto antiséptico y, por lo tanto, también se usa contra abscesos o forúnculos.
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